lunes, 2 de agosto de 2010

COMO APRENDÍ A LEER Y A ESCRIBIR


INTRODUCCIÓN

Me tocó vivir mi etapa escolar en unos años oscuros y duros para la inmensa mayoría de españoles. Visto desde la distancia de los años pasados, incluso se tiene nostalgia de aquellos años a pesar de su dureza, éramos jóvenes y podíamos con todo lo que nos echaran a la espalda. En la escuela (hoy sería impensable), existía el castigo corporal (a ver a quien no le han dado con la regla, o no le han castigado de rodillas con los brazos en cruz y mirando para la pared). Se llevaba la máxima de “la letra con sangre entra”, y a casa no llegaras llorando porque el maestro te había castigado, porque entonces el padre cogía la correa o la madre la zapatilla y te tocaba acostarte calentito. No teníamos ordenador, ni televisión, ni tanto juguete como tienen los niños de hoy, pero jugábamos en la calle al güa, a dola, a la peonza, al escondite, al pañuelo, etc. Había que hacer trabajar la imaginación para poder jugar más que en la actualidad.
En ese aspecto, creo que éramos más maduros que los niños actuales. Yo por ejemplo a la edad de 12 años, comencé a ir a estudiar a la “Institución Sindical Virgen de la Paloma”, lo que hoy es un Instituto de Formación Profesional. Vivía en Entrevías, tenía que ir andando (1/2 hora) a la estación de metro de el Puente de Vallecas, bajarme en Estrecho y coger el tranvía de Peña Grande y tenía que estar allí a las 9 de la mañana. Que niño de hoy en día iría sólo y en esas condiciones a la escuela, la sociedad se comería a los padres. Pues éramos en esa escuela 2.500 alumnos de todas partes de Madrid y a ninguno nos llevaban nuestras madres. Aprendimos a ir solitos por la vida desde pequeñitos. ¿era mejor o peor?, no lo se, para mi fue una buena experiencia que me ayudó para tener cierta independencia a lo largo de la vida.

LOS PRIMEROS PASOS

Nací en mayo del año 1949, en Almagro, un pueblo de la provincia de Ciudad Real, hoy en día una ciudad muy atractiva y turística. Actualmente tiene como principal fuente de ingresos el turismo, gracias al teatro y a su Corral de Comedias (único que se conserva del Siglo de Oro), también son famosos sus encajes, y como no, sus no menos famosas berenjenas. Pero por los años en que vine al mundo era una población eminentemente agrícola. Mis padres, como tantos y tantos manchegos por aquel tiempo, emigraron a Madrid en busca de trabajo y una vida mejor. A mi me dejaron con mis abuelos y una tía soltera que vivía con ellos, a ellos les debo mis primeros pasos en el mundo de la lectura y la escritura.

MI PRIMERA ESCUELA

Cuando tuve edad para ello (creo recordar que a los 4 años), me apuntaron a los “parvulitos” a los que popularmente se les llamaba “cagones”, en las Escuelas Nacionales de Almagro. Me compraron el clásico “babi” azul claro con cuadritos y todos los días me llevaba y me recogía mi tía.
En la escuela aprendimos a leer en la “cartilla”, término en que acabó llamándose el célebre “catón” que durante tantos años enseñó a leer a tantos y tantos niños.
A pesar de la “Advertencia” al inicio del libro, en la que se indicaba que el procedimiento a adoptar para la enseñanza de la lectura debía de ser el “silabeo”, en sustitución del “deletreo”, y de que la lectura y la escritura se debían enseñar simultáneamente, los niños españoles, seguimos deletreando (la m con la a, ma) durante muchos años y aprendiendo la lectura y la escritura como dos prácticas diferenciadas, sin confluir en la lectoescritura, que escolarmente, se incorporó mucho más tarde.
También se indicaba que el método de lectura seguido, era esencialmente intuitivo y analítico-sintético.
Para el aprendizaje de la escritura, utilizábamos las cartillas específicas para ello y los cuadernos de dos rayas.

UNA CURIOSIDAD

En la “Advertencia” que, a modo de introducción, se incluye en el Catón Moderno “se atreven” a dar un consejo: “incitamos a los profesores a que el primer día de clase, enseñen ya a cada parvulito a escribir en el encerado, en el pizarrín o en un papel su propio nombre. Con ello se abren nuevos horizontes ante la inteligencia y la sensibilidad incipiente del niño, dándole a entender el porqué de la lectura y escritura, sin contar que éste primer triunfo le alegrará y le estimulará extraordinariamente, alegría que alcanzará también a sus padres y al profesor”. Esta sugerencia fue seguida en muchas ocasiones hasta tiempos recientes, fuimos muchos los niños y niñas que lo primero que aprendimos en la escuela -y reforzado desde nuestras casas- fue a “poner” nuestro nombre, como si de un dibujo se tratase, de lo cual nos sentíamos muy orgullosos.

EL PASO DEL PUEBLO A LA CAPITAL

Cuando tenía 6 años, mis padres me llevaron con ellos a Madrid. Se habían echo ellos mismos, como otros tantos y tantos emigrantes manchegos, andaluces y extremeños una casa en Entrevías-Pozo del Tío Raimundo con sus propias manos, ayudados por los demás vecinos y casi siempre aprovechando la noche. Empezaron a conformarse las calles poco a poco; y poco a poco fue creciendo, hasta formarse un barrio más o menos habitable, sin los servicios básicos como eran el agua, calles sin asfaltar, etc., etc.

LA ESCUELA

La más cercana era en el Pozo del Tío Raimundo. A ella empecé a ir, a la Escuela Nacional Jesús Rubio. No era una escuela como ahora las vemos, eran simplemente tres barracones prefabricados, pero para nosotros era “nuestra escuela” y aprendimos a quererla y a respetarla.

EL MAESTRO

Todos tenemos en el fondo de nuestro corazón, el recuerdo de un maestro, que se ha nos ha quedado para siempre grabado con letras de oro, porque él fue el que nos guió, enseñó, castigó y nos fue marcando poco a poco nuestro camino futuro.
El mío fue D. Manuel Álvarez, el clásico maestro de aquellos tiempos, pero con un algo especial que hacía que se le quisiera y sobre todo que se le respetara.
Por la mañana nos daban una taza de leche en polvo, había que llevar cada uno su taza y el maestro hacía la leche calentando el agua en una estufa de carbón que había en medio de la clase, y añadiendo la cantidad requerida de leche en polvo; cuando estaba hecha íbamos pasando de uno en uno con nuestra taza, y a desayunar.
La religión nos la daba el padre Llanos (el cura rojo del Pozo, D. José María de Llanos). Temido por todos los críos del barrio, por aquel entonces tendría cuarenta y tantos años y hacía gala de un fuerte carácter y mal genio. Fue el gran impulsor del barrio, aún le recuerdo una Semana Santa, haciendo una procesión lloviendo, con todas las calles hechas un barrizal y él con los pantalones y la sotana arremangados y con un crucifijo grande sujeto con las dos manos, sencillamente impresionante. Él fue, el que nos fue inculcando a los jóvenes del barrio unas ideas muy progresistas para aquellos tiempos (años 50-60), y el que nos fue modelando como personas para el futuro que se nos avecinaba y que cada día teníamos más cerca.

EL LIBRO

El libro de esta etapa fue la famosa “Enciclopedia Álvarez”. Uno de los libros que más se ha caracterizado para la enseñanza durante el franquismo. Durante más de diez años (1954-1966), educó a más de ocho millones de niños. La enciclopedia fue el libro de acercamiento a la Historia que los jóvenes españoles tuvimos durante la escuela primaria franquista. El libro titulado Enciclopedia: intuitiva, sintética y práctica, estaba destinado a la Escuela Primaria y para ello existían tres volúmenes, cada uno para el grado correspondiente (1º, 2º y 3º).
La enciclopedia no trataba sólo de Historia, sino que también trataba otras materias como: Historia Sagrada, Evangelios, Lengua Española, Aritmética, Geometría, Geografía, Ciencias de la Naturaleza, Formación Político-Social (niños), Lecciones Conmemorativas, Formación Familiar y Social, Higiene, Formación Política (niñas) y Conmemoraciones Escolares.
Había otros libros de apoyo para el alumno: para enseñar a leer, escribir y dibujar con perfección y rapidez se utilizaban las cartillas, también había Cuadernos de Trabajo para cada una de las asignaturas de la Enciclopedia (Aritmética, Lengua Española, etc.). En resumen, toda una serie de publicaciones destinadas a la enseñanza de la juventud en la época franquista.

LECTURAS DE JUVENTUD

Las lecturas que teníamos eran los cuentos clásicos de niños en los primeros años, luego los famosos tebeos de la época, con los héroes que por aquellos tiempos se llevaban: El Capitán Trueno, El Guerrero del Antifaz, Roberto Alcázar y Pedrín, Rin Tin-Tin, Hazañas Bélicas, El Príncipe Valiente, Tin Tin, Asterix, El TBO, etc.

CONCLUSIONES

Hasta que en el año 1973 se aprobó y cambió el sistema educativo con la Ley General de Educación, se recogía en un solo libro una gran parte de los conocimientos que eran necesarios para los primeros pasos.
En el año 1953 y a modo de resumen genuino de la “cultura” de la Dictadura, salía a la calle la primera edición de la Enciclopedia Álvarez (Editorial Miñón), una compilación “intuitiva, sintética y práctica” (según rezaba la leyenda de cubierta), de los saberes de entonces, impregnada de educación franquista para los estudiantes, que debían conocer nociones elementales antes de iniciar el Bachillerato.
Desde entonces han pasado 55 años ya. La mayoría de los estudiantes que utilizamos la Enciclopedia Álvarez, estamos entre los 55-65 años. Algunos recordamos vagamente aquél manual. Otros lo conservan como oro en paño.
La enciclopedia, dirigida al alumno, se vendía acompañada de otro manual destinado al profesor “Sugerencias y ejercicios”, libro del maestro. Algo así como la chuleta del maestro.
Andrés Sopeña Monsalve es el autor de “El florido pensil. Memoria de la escuela nacional-católica”, un libro publicado en 1994, en el que hace un recorrido, pleno de sarcasmo por la educación de varias generaciones de españoles durante la dictadura franquista.
Los manuales escolares de la dictadura y otros métodos de propaganda son calificados por Sopeña como una “aberración ideológica”.
La escala de valores que se inculcaban, los contenidos racistas y xenófobos que se alentaban, el ferviente catolicismo… La propaganda franquista en toda su expresión. Sopeña dice:
“La censura era de tres tipos: la del propio autor consigo mismo si quería seguir escribiendo, la del Estado y la de la Iglesia, estas dos últimas no coincidían en muchas ocasiones… El libro “Corazón”, por ejemplo (en el que luego se basaron para hacer la serie televisiva de “Marco”), sólo fue prohibido por un obispo porque el niño Marco no confiaba en la providencia divina para encontrar a su madre, lejos de esperar a Dios para encontrarla, se echó al monte a buscarla él mismo”.

FUENTES Y BIBLIOGRAFIA

-MUSEO DEL NIÑO Y CENTRO DE DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA DE LA ESCUELA.
www.museodelniño.es
-LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA EN LA ESCUELA DURANTE EL FRANQUISMO: LA HISTORIA DE ESPAÑA Y LA ENCICLOPEDIA ALVAREZ. Artículo de José Antonio Zapata Parra.
-TAL COMO ERAMOS.-Miguel G. Vázquez, Pedro Simón. El Mundo.-Martes, 21 octubre de 1997. http://perso.wanadoo.es/meacuerdo/talcomoeramos.htm.
-EL FLORIDO PENSIL. Memoria de la Escuela Nacional-Católica.-Andrés Sopeña Monsalve. Roca Editorial de Libros, S. L. 1994.

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