viernes, 20 de abril de 2012

PP, un partido al servicio del los ricos

Los imparables recortes sociales puestos en marcha por el PP persiguen que la crisis que generaron los ricos la paguen los pobres.
Asistimos a un atraco en toda regla a las clases más desfavorecidas económicamente, vía incrementos de factura de la luz, gas, gasolinas, impuestos de bienes inmuebles, transportes, etc., y ahora con subidas de matrículas universitarias y el copago sanitario. El objetivo es que la ciudadania pague todo el latrocinio cometido durante la pasada década al calor del boom inmobiliario.
Al PP no se le ocurriría subir el tipo marginal de IRPF al 75% para rentas mayores de 1 millón de euros, como propone el partido Socialista francés, que no el PSOE español, un sucedáneo de derechas como ha quedado demostrado.
Si esto fuese así, todos esos directores de cajas de ahorro y bancos y consejeros delegados no se hubieran embolsado miles de millones de euros y hubiesen ido a parar a las arcas del estado, que buena falta le hace.
A las clases medias-altas no se les sube el IRPF, ni se les aplica el impuesto sobre el patrimonio. Así, notarios, registradores de la propiedad y otras profesiones liberales siguen manteniendo su privilegios sobre el resto de trabajadores.
El PP nunca hará eso porque protege y sirve a los intereses de los ricos, a la oligarquía  financiera, con miles de millones de euros a buen recaudo.
Así, asistimos, con la excusa de rebajar el déficit, al expolio de la clase obrera. Por un lado, no cesa de subir el coste de todos los productos y servicios de primera necesidad, y por otro se reducen los salarios de los trabajadores, por lo que un día y el siguiente también se va reduciendo el poder adquisitivo de los ciudadanos. Y todo para que las grandes corporaciones y bancos sigan teniendo pingües beneficios que siga alimentando la vorágine máquina capitalista.
Con el 50% de los jóvenes en paro y más de 5 millones de desempleados, a  los aristócratas no  se les ocurre otra cosa que hacer gala de ostentación y riqueza a golpe de jet privados y safaris, mientras a pocos kilómetros de sus suntuosos palacios, los asentamientos chabolistas y la misería campan por sus fueros en los arrabales de la capital de España y otras grandes ciudades del estado español, como es el caso de El Vacie, en Sevilla.
Mientras el PP siga gobernando en el estado Español, los pobres profundizarán aún más en la miseria, mientras los ricos acapararán mayores fortunas.
¡PP, no gracias!
por RedWarrior

martes, 17 de abril de 2012

Un fuerte aplauso al PP, por hacerlo tan bien....

El señor Rajoy va a pasar a la historia como el presidente mas inutil de la historia de España, vamos, que mas inutil que la "r" de Marlboro, por no hablar de sus mentiras, de la reforma laboral, de la prima de riesgo, de que solo se preocupe de que se forren los de siempre, y ademas ahora se le ponen las cosas buenas con lo de Repsol. ¿Es este el gobierno serio y como Dios manda que daría confianza dentro y fuera del mundo mundial?. Pues más parece que le toman por el pito de un sereno. Empezó el frances Sarkozy en sus mitines tirando por tierra a un gobierno (el anterior) de España, y estos inútiles le rien la gracieta. Sigue dándoles caña el italiano Mario Monti y este gobierno "como dios manda", se lo tragan. Y ahora llega la argentina Cristina Kirchner, se cachondea de la legalidad vigente y les hace un corte de mangas declarando la expropiación del 51% del patrimonio de Repsol-YPF. El ministro de Industria, José Manuel Soria, ha avanzado en conferencia de prensa que el Ejecutivo español trabajaba desde el mismo lunes por la tarde (menos mal, que tranquilidad que me da) en unas medidas “claras y contundentes” que se darán a conocer en los próximos días (o en los próximos meses, no hay prisas), aunque no especificó ninguna. Soria ha denunciado que la medida decidida por la presidenta Cristina Fernández es un gesto de hostilidad contra España y contra el Gobierno de España. Tanto Soria como el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, han dedicado un rosario de descalificativos a la expropiación. Pues a lo que parece por lo que se está viendo no les ha metido miedo y no les ha dado muchos resultados.
“Allí donde haya una empresa española, allí estará el Gobierno defendiendo como propios sus intereses”. Rajoy, sin referirse directamente a Repsol ni a Argentina, tenía muy presente la amenaza de nacionalización en el discurso con el que clausuró la Asamblea General del Instituto de la Empresa Familiar (IEF) este lunes en Madrid. “No les quepa duda, este Gobierno va a estar al lado de quienes crean empleo y riqueza dentro y fuera de muestro país”, afirmó Rajoy tras señalar que “la excelencia de las empresas españolas requiere de una política económica que esté a su altura”.
Por lo visto no les han metido el miedo en el cuerpo a la Kirchner.
Claro que el que le tomen a cachondeo no le preocupa, siempre podrá decir lo tan sabido que es ...CULPA DE ZAPATERO Y DE LA HERENCIA RECIBIDA.

miércoles, 11 de abril de 2012

Vagos, corruptos y pancistas


Pues sí, eso es lo que piensa, poco más o menos nuestra querida derecha patria de lo que son los andaluces, después del resultado de las elecciones autonómicas del pasado 25M. Por ejemplo, lo de respetar na más que lo justito y lo preciso, por decirlo generosamente, la decisión soberana del pueblo andaluz. ...Ya sabemos, que si el voto del miedo, de la subvención, de las prebendas, del amiguismo... vamos, un voto asquerosito, hablando mal y pronto.
Cuelgo para que leais un artículo bastante interesante de José María Izquierdo, en el que se recoge poco más o menos todo lo que en estos días se ha dicho en los medios afines a esa, nuestra querida derecha patria, sobre el voto andaluz y sobre los andaluces.


Ahí va el artículo:



Sobre vagos, corruptos

La prensa de la derecha insulta a los andaluces "por votar lo que no debían" en las autonómicas

No es usual insultar a los votantes en los análisis de voto de cualquier elección. Los analistas políticos suelen centrar sus comentarios en la capacidad demostrada por los candidatos. Lo lógico es oír o leer que A ha sido un mal candidato y ha hecho una mala campaña o su oferta era mala, mientras que B lo ha hecho mejor u ofrecía una alternativa más creíble, más afín a los votantes. Porque tiene su aquel acusar a los votantes porque han ejercido el voto de una u otra manera. A quién se le ocurre, vienen a decir quienes así razonan, depositar el voto para aquellos que ustedes han elegido, cuando debían haberlo hecho a favor de este otro, que era el nuestro. Y como nosotros no nos equivocamos, son ustedes lo que están en el error. Y han votado de esta manera, además, porque son ustedes unos vagos, unos corruptos y unos mafiosos. Así ha sido, exactamente así, la reacción de una parte muy importante de la derecha ante el resultado de las elecciones andaluzas. Y su prensa, la que ha estado durante meses haciendo la campaña electoral a Javier Arenas, ha reaccionado de esta forma ante lo que un reputado columnista del Diario de Cádiz, Rafael Sánchez Saus, llamó el “vómito de las urnas” del domingo 25 de marzo. Es lo que tiene ser demócratas y liberales.
No recuerdo que ante las autonómicas de la Comunidad Valenciana y el refuerzo de la mayoría del PP, con todos los casos gúrteles en candelero, por ejemplo, alguien haya acusado a los ciudadanos valencianos de ser tan corruptos como los acusados, gentes que no saben diferenciar a los políticos honestos de los deshonestos o, mejor aún, de vivir tan contentos hozando en la inmundicia y la desvergüenza. Pero es que los andaluces son distintos, gente de escasa formación, iletrados en su mayoría, acostumbrados al hambre y que suelen obtener los mendrugos para sobrevivir gracias a que el Señor les ha dotado de un duende especial para el cante, el baile y la torería. Ya lo dice un conspicuo comentarista de tertulias variadas en El Mundo, Salvador Sostres: “Cada pueblo da lo que da, y los andaluces quedaron bien retratados el pasado día 25”.
Porque, ¿cómo se vive hoy día en Cádiz, Málaga, Sevilla? Un antiguo socialista, Antonio Guerra, que lo fue en sus años mozos, hoy afirma que “si no fuera por Cáritas, Andalucía sufriría una situación de hambruna callejera”. Otro comentarista, Hermann Tertsch, en Abc, ve así el panorama, que según él, se vive con “la pobreza irreversible, el paro irremediable, la desidia, la ignorancia, el fracaso escolar, la falta de expectativas, el deterioro general del entorno, los rasgos inequívocos de la miseria”. Por eso el director de El Mundo, Pedro José Ramírez, esperaba en la mañana del día 25 que el pueblo andaluz remontara “el estercolero de inmundicia que le ha legado el PSOE”. O que el conocido columnista de Abc, dueño de un gracejo fácilmente descriptible, Antonio Burgos, dudara la misma mañana “si hacia las 9 o las 10 de esta noche tengo que avergonzarme como andaluz o no, porque los gobernados sean tan corruptos como sus gobernantes”.
Así que entonces, ese pueblo andaluz, votó lo que no debía, tan alegre de seguir en la cochiquera, que es su sitio natural. Un sevillano de pro, Ignacio Camacho, escribía esto en Abc: “Ese trantrán conformista ha devenido en una especie de seña de identidad colectiva (…), los ciudadanos se dejan mecer en una enorme hamaca de proteccionismo clientelista y no quieren que nadie los despierte con sacudidas aventureras”. Ya ven, unos vagos tumbados en la hamaca y viviendo de la sopa boba. Más o menos lo que opinaba un comentarista habitual de El Mundo, Santiago González: “Cabe la posibilidad de que haya todavía una masa de votantes que no ha perdido la esperanza de verse beneficiado en esa versión moderna de la multiplicación de los panes y los peces que ha sido el milagro de los ERE”. Más sopa boba, al parecer. Lo que corrobora otro articulista, Emilio Campmany: “Y han [votado así] porque esperan seguir recibiendo las migajas de ese sistema clientelar que los socialistas montaron en Andalucía porque no les importa que, con tal de seguir recibiéndolas, los del PSOE se quedan con la parte del león”.
Los ultraliberales de Libertad Digital también tienen su explicación. “Andalucía, una Sicilia sin luparas pero con padrinos en cada capital de comarca cuya perentoria desinfección sanitaria habrá de esperar otros cuatro años más”, dice uno. O, todavía mejor, lo que escribe un segundo: “La andaluza es una sociedad que no ha carecido de (…) grandes valores, pero, por desgracia, fueron reduciéndose a su mínima expresión, después de 32 años de un sistema político basado en la reducción de la pluralidad humana a una multiplicidad animal”.
Todo este estiércol lanzado a la cara de los andaluces parte, como ellos bien saben, de mentiras basadas en datos falsos. Porque no es cierta esa complacencia del electorado con la presunta corrupción socialista. De 2008 a 2012 el PSOE ha perdido medio millón de votos y nueve escaños. Ahí es nada. Lo que pasa es que el PP, en el mismo periodo, ha bajado 200.000 votos y solo ganó tres escaños. O sea, que esos pancistas andaluces castigaron al PSOE. Pero no les dio la real gana de premiar al PP. Los culpables, a lo mejor, no son los votantes.

Fuente: José María Izquierdo, en el País

miércoles, 14 de marzo de 2012

La verdad sobre el 11-M


Hace casi un año que la conspiración del 11-M quedó definitivamente quebrada, aunque los conspiradores jamás lo admitirán. Fue a finales de marzo de 2011, cuando el exminero José Emilio Suárez Trashorras presentó su recurso de apelación ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En su escrito, Trashorras admite lo que no confesó ante la Audiencia Nacional, lo que demostraban todas las pruebas: que fue él quien robó la dinamita de Mina Conchita y quien después vendió esos explosivos al grupo islamista que cometió los atentados. No busquen esta información en El Mundo. Nunca la publicó.
Trashorras en su recurso incluso pide perdón a las víctimas del atentado por “no haber prestado la colaboración necesaria” a la Justicia. En su confesión, tira por tierra toda la conspiración del 11-M: si el explosivo salió de Mina Conchita, si la compraron los islamistas, ¿qué más da que hubiese rastros de dinitrotolueno –probablemente por impurezas en la fabricaciónen la Goma 2 ECO? La última declaración de Trashorras también pone en su sitio ciertas exclusivas de El Mundo. La hemeroteca siempre deja en evidencia las mentiras. Repasen, por ejemplo, las portadas del 3, 4 y 5 de septiembre de 2006, las declaraciones del mismo delincuente que ahora admite su papel en el atentado y que entonces confesaba al diario de Pedro J. Ramírez misteriosas conexiones con ETA y la Policía. Todos eran culpables. Todos, salvo él.
Mientras El Mundo pague, yo les cuento la Guerra Civil”, dijo el propio Trashorrras a sus padres en una conversación desde la cárcel, previa a esa entrevista donde, en efecto, cantó las batallitas que El Mundo quería escuchar. Que sea ahora este mismo diario el que acuse a los sindicatos y a Pilar Manjon –portavoz de la asociación mayoritaria de las víctimas del 11-M– de utilizar el atentado contra el Gobierno a cuenta de la reforma laboral es solo una indecencia más. Hace bueno este famoso verso de Machado: “El más truhán se lleva la mano al corazón”. Siempre es así.

Fuente: Escolar.net, en Público.es

viernes, 9 de marzo de 2012

La Reforma laboral explicada para bobos

¿Saben aquel que diu… Va la Ministra de Empleo, Fátima Báñez, y dice ‘Nosotros fuimos leales’. Y le contestan: ‘Claro, ustedes siempre han sido leales con lo que sea recortar derechos a los trabajadores, aunque aquellas varias reformas del PSOE eran un juego de niños comparada con ésta’. Pero Fátima no se acobarda y espeta: ‘La Reforma laboral no hace que el despido sea más fácil, sino que sea con causa’ (Con causa de que los empresarios se enriquezcan más, le contestan entre grandes risotadas). ‘Ésta es la reforma del empleo, termina:
1. Bastan tres trimestres consecutivos de descenso de la facturación. Con 20 días de indemnización por año trabajado y un máximo de 12 meses. a) Por torpes que sean, ustedes saben perfectamente lo fácil que es no solo reajustar las cuentas, sino y sobre todo que no es necesario que tengan pérdidas, supuesto hasta cierto punto lógico, basta con que disminuyan los beneficios. O sea, como ocurre con tantas y tantísimas, seguramente todas salvo Inditex, que en lugar de ganar por ejemplo 400 millones de euros al año solo ganen 350 por ser menor la facturación. Les parece poco lo de los 350. Y a la calle, sin más y con 20 días. b) No decide el juez. ¿Lo entienden, no? (Sigue la rechifla)
2. Se puede rebajar el sueldo de los empleados hasta el mínimo del convenio, alegando motivos de productividad, decidiéndolo la empresa ella solita unilateralmente. ¿Se entiende también, no?
3. Sindicatos fuera. Son unos entes nocivos. Basta lo que acuerden entre los trabajadores y la empresa, ese angelito benefactor y coactivo. A tragar, pues, con lo que diga la empresa. Supongo que se entiende meridianamente.
4. Despidos ‘no justificados’: 33 días y tope de 24 meses, cuando antes eran 45 días y tope de 42. Hasta un bobo lo entiende, aunque sea solemne o ministro.
5. En los ERE o despidos colectivos, ya tan usuales, no es necesaria la intervención de autoridad laboral alguna, al contrario que hasta ahora. Lo acuerda la empresa como estime y punto.
PP: Los nuevos tenedores de esclavos.
Y a pesar de eso, cinco millones de parados lo aceptarían alegres.
Pero a pesar de eso, los cinco millones de parados seguirán parados, y algún millón más aumentará.
Y a pesar de eso, una vez que los sindicatos UGT y CCOO han convocado huelga general para el 29 de marzo, veremos si los ciudadanos tienen el coraje de apoyarla masivamente o prefieren la resignación y la muerte laboral.
¿Algún bobo no ha entendido que el Gobierno lo hace por el bien de los trabajadores, y no por el de los empresarios?
‘Ganarás el pan con el sudor de tu frente’, decía y dice la Biblia. Y con la humillación a que te sometan. Y con el expolio de tu dignidad.
Y con tus lágrimas y las de tu familia.
Porque ni Dios ni el PP ponen los medios y las herramientas. Es la libertad.
Consejos prácticos: Sea todo lo pelota que pueda con su jefe, delate a sus compañeros, no se ponga enfermo, nunca se quede embarazada, y no participe en huelgas, le pueden despedir por las buenas.
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Gota MONÁRQUICA: La Junta de Portavoces del Congreso de los Diputados prohíbe que se hagan preguntas sobre la Monarquía, al igual que rechaza preguntas sobre cuestiones personales de los diputados o de índole jurídica. De acuerdo; para los diputados o cuestiones jurídicas puedes acudir a los tribunales. ¿Pero a dónde acudes para preguntas sobre el Rey? ¿O la inviolabilidad llega a no poder ni preguntar?
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Gota DIPLOMÁTICA: ¿Apoya el Gobierno la decisión de Washington de incluir al Vaticano en la lista de Estados que blanquean dinero?
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Gota HIJAPUTA: La Unión Europea se niega a registrar el aguardiente español Hijoputa por considerarlo contrario a las buenas costumbres en una parte de la Unión. ¿Qué dice el Ministro de Cultura español? Porque esa expresión ya la utilizaban Lope de Vega, Quevedo…, y hasta el Capitán Alatriste, cosa que seguramente ignora la Unión Europea. ¡Carajillo con la Unión! En cambio deja cubalibre y brazo de gitano.
Puntadas sin hilo, por Arturo González, en Público


jueves, 8 de marzo de 2012

Las razones y las calles


Los fundamentalistas del mercado aseguran que este, sin intromisiones institucionales, asegura la prosperidad: mérito y bienestar, justicia y eficiencia. Con la crisis ni uno solo de sus principios ha conseguido mantenerse.

 

Fuente: Félix Ovejero Lucas, en el País


La izquierda está contra las cuerdas y la derecha crecida. A primera vista no se entiende. Era George Busch quien gobernaba en Estados Unidos aquel 15 de septiembre de 2008, cuando Lehman Brothers anunció su quiebra y comenzó el lío. Y no pasaba por allí, que llevaba ocho años en el poder. Lo que se nos vino encima, que no era pequeño, no dejaba en buen lugar a los conservadores. Para que se hagan una idea, con un comparación que a estas alturas ya se queda pequeña, el precio de los rescates en EE UU supera a la suma de lo que costaron la compra de Luisana, el Plan Marshall, la crisis de las cajas de ahorro de los 80, las guerras de Corea y Vietnam, la invasión de Irak, el New Deal y el presupuesto entero de la NASA incluidos los viajes a la Luna.
Después de paladear el inventario, resulta difícil entender de donde sacan pa tanto como destacan los que a diario nos vienen con la cantinela de la incondicional eficiencia privada y los despilfarros de los gobiernos, que existen, pero que, en comparación, apenas alcanzan para cubrir el catering de las reuniones en las que se decidían estas oceánicas transferencias de riqueza.
Para los fundamentalistas del mercado desregulado como si llueve. Según ellos, el mercado, cuando se respetan los acuerdos libremente aceptados, garantiza que cada cual cargue con las consecuencias de sus —buenas o malas— acciones. Vamos, que el que la hace la paga y además, en sus justas dosis, en proporción a sus aciertos o desatinos. No sólo eso, además, el mercado, sin intromisiones institucionales, asegura la prosperidad. Mejor imposible. Mérito y bienestar, justicia y eficiencia. Con estos mimbres los conservadores amueblan su andamio retórico y sus muchachos se pasean por las radios.
Un relato que la crisis ha revelado lleno de costurones. Ni uno de sus principios se ha mantenido. Los ciudadanos hemos visto violados acuerdos fundamentales a pesar de cumplir con nuestra parte: empresas y hogares solventes que, sin haberse enredado en apuestas arriesgadas, han encontrado cerradas sus fuentes de financiación; trabajadores a los que se les modifican las condiciones laborales (indemnizaciones por despido, calendario laboral, cotizaciones sociales de los empresarios) pactadas en complicadas negociaciones y, en muchos casos, convertidas en derechos; votantes que ven como se desmantela un Estado del bienestar que los partidos se comprometieron a sostener; empleados públicos a quienes se reprocha su estabilidad laboral, algo que estaba en el acuerdo inicial que establecieron cuando optaron a sus puestos.
Tampoco se ha cumplido el principio de que "quien la hace, la paga". Ni los bancos cargaban con el riesgo de las hipotecas ni los intermediarios financieros tenían que degustar el veneno de las titulaciones que inyectaban en las venas del sistema financiero. La supuesta relación entre las acciones y la (justa) retribución quedaba en nada cuando las agencias de calificación, contratadas por las propias entidades que evaluaban, sabían que si hacían debidamente su trabajo, lo perderían, que su mejor modo de conservar el negocio era callarse, o cuando los sistemas de las bonificaciones e incentivos alentaban en los empleados de los bancos de inversión o de gestión de fondos una apuestas temerarias a corto plazo con las que ellos ganaban un fortuna, despreocupándose por los intereses de sus clientes y hasta de sus empresas.
Con todo, los mayores descosidos los ha experimentado la retórica de la bondad de los resultados, según la cual, la competencia desregulada asegura el bienestar y, de paso, el castigo del mal comportamiento. En realidad, se impuso lo contrario, una penalización de los decentes y una amplificación incontrolada de las patologías. Recuerden cómo se extendió la mancha. Un prestamista sensato en la concesión de hipotecas, al encontrase con que sus competidores capturaban —a más elevados intereses— a los prestatarios que él rechazaba y que, por ello, su cuota de mercado y sus acciones caían, se enfrentaba a un dilema: seguir con la prudencia y desaparecer, o asumir riesgos, como sus rivales. Hasta aquí, el mecanismo de penalización clásico del mercado: el que la hace, la paga. Pero con la desregulación ya nada era igual. Ahora las hipotecas se podían reexpedir a las empresas de Wall Street para su titulación y trasladar los riesgos. Se acabaron los miramientos para conceder préstamos. La temeridad era la única estrategia ante competidores que, aunque no quisieran, recelosos de que se les anticiparan, se comportaban con temeridad. Una historia que se repitió, amplificada, en el siguiente escalón, cuando las empresas de Wall Street ponían en circulación las hipotecas titulizadas. Los primeros aún podían saber alguna cosa acerca de la fiabilidad de los prestamistas; en Wall Street no tenían ni idea. Hasta es posible que pensaran que los otros tenían razones para examinar las hipotecas. Es posible, aunque no es seguro. Después de todo, mediante los famosos CDO, Goldman Sachs apostó en contra —para obtener beneficios en el caso de que quebraran— los valores que recomendaba comprar a sus clientes diciéndoles que eran tan seguros como las letras del Tesoro.
Pero aunque el relato conservador no se sostenga, la izquierda no levanta cabeza. La crítica no es suficiente. Hacen falta propuestas. Un terreno yermo, si miramos el panorama más cercano. Pero hay vida más allá de nuestra triste izquierda. Basta con compararnos, ahora que se aproximan las elecciones francesas, con nuestros vecinos. Un par de ejemplos que confirman que la radicalidad no es enemiga de la calidad: la defensa de un Estado garante del contrato social y de la protección bienestarista de Philippe Aghion, en Repensar l’État, o las iniciativas fiscales basadas en los principios de equidad, progresividad real y democracia de Thomas Piketty en Pour une révolution fiscale.
Desafortunadamente tampoco basta con tener claros retos y soluciones. En el desierto y sin alimentos, o con una enfermedad curable y sin seguro médico ni recursos, de poco me sirve conocer la solución a mis quebrantos. Al final, lo importante es poder aplicar las propuestas. El poder, que de eso va la política real.
También en esto hemos aprendido. Por ejemplo, que mientras a unos pocos les basta con una llamada de teléfono para pedir un cambio en la Constitución o con asomarse a los medios de comunicación para recordarnos que no están dispuestos a invertir si no se generan ciertas condiciones de confianza, de confianza para ellos, a muchos otros no les queda más que salir a la calle para recordar que también tienen intereses, seguramente más justos. Y si no lo hacen, saldrán perdiendo. Disponen de menos poder y, por eso mismo, les resulta mucho más difícil ser escuchados.
No exagero. Es otra de las lecciones de la crisis, en particular de los altos ejecutivos del sector financiero, quienes, en virtud de su posición de poder —de problemas de agencia y de información asimétrica— con los propietarios, pudieron fijar sus propios salarios, sin que importase "su productividad". Sus enormes ingresos derivaban de su poder negociador. La enseñanza: el poder político, como el empresarial, se decanta por la línea de menor resistencia. Tiene que decidir qué modifica y qué da por sagrado, qué da por bueno y qué no. Una elección en la que importa la fuerza de cada cual, no la justicia de lo que pide.
Y aquí las cosas pintan mal. Tengo dudas acerca de la eficacia de la reforma laboral, pero de lo que no tengo duda alguna es de que modifica las relaciones de fuerza entre los trabajadores y los empresarios ni de que, más temprano que tarde, eso tendrá consecuencias en la redistribución de la renta. Nos jugamos bastantes más cosas que una hipotética recuperación a cualquier precio. Y quien no esté de acuerdo, quien crea que todo vale, debería reconsiderar la legislación del trabajo infantil. De momento ya se discute el derecho a quejarse y, a la mínima, los dicharacheros portavoces de la derecha reaccionan como si vinieran los hunos. Un respeto, que no hacemos más que aplicar lo aprendido.
 
Félix Ovejero Lucas es profesor de Economía de la Universidad de Barcelona.

lunes, 27 de febrero de 2012

El copago en sanidad es temerario, injusto e ineficaz

 
Exigir tasas delegaría en el enfermo la valoración de su dolencia y le culpabilizaría por su situación, además de no resolver el problema financiero
Fuente: Esteban García-Albea, en el País
De forma recurrente, y con la misma carga argumental, a los políticos les tienta la posibilidad de hacer gravitar sobre el paciente (más allá de sus impuestos directos e indirectos, ahora aún más recargados) parte del pago por la asistencia médica. Con el apelativo de tasas disuasorias o copagolos responsables sanitarios, en esta ocasión de la Generalitat pero con tentaciones de su implantación en todo el Estado, y con la complicidad, claro, del departamento económico, anuncian que la implantación de dicha tasa "regulará la demanda sanitaria" y se hará "un mejor uso del sistema sanitario". Al parecer, la coartada argumental se basa en que los pacientes "abusan" del sistema: es decir, abarrotan los servicios de urgencia o las consultas ambulatorias con problemas menores que impiden el óptimo funcionamiento de la asistencia.
En mi opinión la institución de tasas es temeraria, injusta e ineficaz y refleja, además, no sólo una tozuda insensibilidad al tema sanitario, sino una preocupante incomprensión de lo público, entendiendo lo público en este caso como derecho y como servicio a la comunidad enferma o potencialmente enferma.
1. La institución de las tasas es temeraria. En efecto, dicha iniciativa delegaría en el enfermo la interpretación de su síntoma y la valoración de la banalidad o no del mismo, que, a fin de cuentas, decidiría la consulta o no de un profesional.
A este respecto, es útil recordar como muestra algunos hechos empíricos. El infarto de miocardio (la enfermedad coronaria es la primera causa de muerte en nuestro país) va precedida con mucha frecuencia de diversos síntomas que pueden ser interpretados banalmente por el enfermo y no se benefician, por tanto, de una evaluación especializada. El hecho de que gran parte de las molestias precordiales no corresponda a una enfermedad coronaria no debe suponer un menoscabo para el numeroso subgrupo de pacientes disuadidos de que el síntoma banal oculta un padecimiento grave.
No hay que olvidar que el calificativo banal es un juicio a posteriori que exige una valoración clínica cuidadosa y, en ocasiones, precisa la ayuda de tecnología complementaria.
Otro ejemplo significativo: la jaqueca; patología benigna en este caso, pero una de las situaciones que más demanda del especialista, además de una de las principales causas de baja laboral y martillo constante de la calidad de vida del 15% de la población. Pues bien, las encuestas de población demuestran que menos de la mitad de los casos han consultado por sus molestias, y que el manejo profesional hubiera aliviado de forma destacada sus dolores, hubiera evitado el paso a la cronicidad de las cefaleas y hubiera facilitado la disminución de la ingesta prolongada, costosa y con frecuencia dañina de analgésicos. En fin, hubiera permitido la detección prematura, afortunadamente infrecuente, de procesos subyacentes graves. Como vemos, habría que introducir alguna vez fórmulas persuasivas o suasorias.
El enfermo tiene perfecto derecho a equivocarse, pues desconoce la trascendencia de sus síntomas, pero un sistema público de salud debe evitar que un paciente con patología grave no disponga de todo el arsenal clínico que precise —y al que tiene derecho— sólo porque sus dolencias son poco expresivas o porque una tasa le disuada de entrar en el sistema.
Nadie con una mínima experiencia en sanidad pública desconoce que las urgencias hospitalarias han sufrido un progresivo incremento en su frecuencia en los últimos treinta años, desbordando en ocasiones la capacidad del sistema. O que en la práctica ambulatoria común, cualquier facultativo es testigo de la elevada proporción de cuadros banales, a los que se suman hipocondríacos, simuladores, etc., pero todos exigen una atención individualizada que oriente y, si es posible, resuelva la situación. Como definía un ilustre clínico, un enfermo es "por lo menos, todo aquel que acude al médico".
Este análisis del problema no defiende la medicalización del ciudadano (el médico que conoce bien las dependencias de su enfermo debe ser enérgico en ocasiones desaconsejando el exceso de visitas médicas). La disuasión, en los casos en que pueda estar indicada, debe ser el resultado de la prevención, la educación y la participación responsable del ciudadano en su propia y libre decisión de salud.
2. La institución de tasas es injusta. La medida culpa a los pacientes de su situación patológica. Los contribuyentes más abatidos en su calidad de vida por el infortunio de una enfermedad recurrente —banal o no— deberán pagar unas tasas como castigo a su dolencia. Afirmaba un economista de forma categórica en este mismo periódico (Elogio del copago, punto 7, E. Costas) que ellos son culpables de la lista de espera. Ante este carácter de penalización que se desprende de las afirmaciones de la consejera catalana como de algunos analistas que buscan el recorte por la parte más débil, sería conveniente recordar una expresiva declaración de los grupos de base franceses que resaltan el carácter democrático de los objetivos sanitarios (incluso en enfermedades en que el enfermo es culpable): “...también queremos buenos hospitales para que nos curen las borracheras”.
La enfermedad como pecado. Se culpabiliza al enfermo de la insuficiencia en la atención. La sanidad no sería buena porque acuden demasiados enfermos a los centros, soslayándose de esta manera las causas principales, como la precaria estructura o los presupuestos escasos.
3. La implantación de tasas es ineficaz. Aunque es un tema menor, es importante que las autoridades sanitarias y ciertos expertos en cifras acudan a los frentes sanitarios como los hospitales para entender la dificultad de llevar a cabo con eficacia la medida del copago. Mi experiencia como director que fui del Hospital 12 de Octubre y mis cuarenta años de trabajo en la medicina pública me autorizan a hacer esta afirmación. ¿Cómo cobrar al paciente que acude en coma, al psicótico, al grave o al que no dispone de fondos? ¿Se negará la atención? ¿Se le negará al mas desgraciado en el que se ha cebado la enfermedad y debe acudir recurrentemente al centro? ¿Y el que no quiere pagar? ¿Embargo? Es preciso una infraestructura que sobrepasa en gastos al cobro de las tasas.
La medicina pública española, ejemplar en muchos aspectos, precisa un relanzamiento y un prestigio que anteponga su carácter de servicio a la comunidad. Existen ya demasiados elementos disuasorias en la medicina pública actual (como la lista de espera) como para añadirle uno nuevo al enfermo. Que la austeridad no se utilice como coartada para atentar contra los derechos de los ciudadanos.
Esteban García-Albea es profesor titular y jefe del servicio de Neurología
del Hospital Príncipe de Asturias de Alcalá de Henares.